¿Qué demonios es la heteronorma?

Primero vamos a definir qué demonios es la heteronormatividad para poder entender por qué puede convertirse en la gran enemiga de la comunidad LGBTI+. Heteronormatividad se define como un complejos sistema de ideas y normas (políticas, sociales, culturales y morales) cuyo objetivo es normalizar e idealizar las relaciones sexoafectivas heterosexuales, así como las identidades de género binarias como absolutas. Por ello, la heteronormatividad no solo rige el cómo debes relacionarte sino el cómo debes identificarte para ser aceptado/a en el espectro de “lo normal”.

Cuando digo que todos nos movemos dentro y fuera de la heteronorma, mi intención es hacer referencia a que aún las personas heterosexuales cisgénero que pueden cumplir con las expectativas de identidad y orientación sexoafectiva, ciertamente pueden no cumplir con la ideología heteronormativa. Ejemplo: que una mujer heterosexual cisgénero prefiera vestir de pantalones “hechos para hombres” en lugar de usar un vestido. Esta ideología nos forma desde edades muy tempranas para cumplir roles de acuerdo al género biológico con el que nacemos.

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De los hombres, se espera que sean fuertes, que no lloren, que les gusten deportes en los que demuestren su fuerza y astucia, que sean competitivos y que desde niños se comporten como casanovas con las niñas. Por otro lado, de las niñas se espera que sean delicadas y tiernas, que jueguen a ser mamás y que crezcan con la idea de que están hechas para limpiar, coser, cocinar, etc. Y estos son solo algunos de los parámetros que sutilmente nos inculcan nuestros padres, maestros y en general toda la sociedad que nos rodea.

En realidad no podemos culpara a nuestros padres de tener expectativas, porque fueron criados en un modelo que afortunadamente comienza a hacer evidentes sus deficiencias. A partir de que la diversidad sexual comenzó a tener más visibilidad, las normas jurídicas se han modificado dando paso al matrimonio entre personas del mismo sexo, el reconocimiento de las familias homoparentales, así como el reconocimiento del derecho a que las personas transexuales cambien su nombre. Pero esto, tan solo es el principio de una lucha interminable en temas de diversidad sexual y de igualdad de género.

Aún existen muchas personas que escudadas en una moral religiosa protestan contra la comunidad LGBTI+, el aborto y los derechos de las personas argumentando que lo natural es el matrimonio heterosexual y el sistema opresivo mediante el cual se pretende tratar a todas las personas que no son heterosexuales y cisgénero como ciudadanos de segunda clase.

Michel Foucault (historiador y sociólogo) definió a la familia como vigilante de la sexualidad, pues desde la idea de que la familia es el núcleo de la sociedad, es ahí donde se reafirman la estructura social, las costumbres y los estereotipos. Esta pequeña esfera social, participa en la legitimización de la homofobia y la aversión contra todo aquello que es distinto.

Para Foucault, la biopolítica es la forma en la que el sistema de normalización justifica la censura de la homosexualidad y de todas las manifestaciones de la diversidad sexual en pro de la “preservación de la especie”. En su libro: Historia de la sexualidad I. La voluntad de saber, desarrolla un análisis en el que ve a la familia como el primer sistema en el que se rigen nuestros cuerpos de manera individual de modo que se traduzca a un régimen de las masas de modo que la sociedad funcione solo bajo el esquema que al Estado convenga.

En esta teoría, la exclusión de todas aquellas personas que se muestren diferentes, reduce el riesgo de que el sistema tambalee. Por sencillas razones, la homosexualidad representa un riesgo para el sistema económico y político en el que vivimos pues la heteronorma permite que se sigan reproduciendo estas ideas arcaicas en las que los hombres sirven para producir bienes y las mujeres para cuidar familias (roles que se piensa, una pareja homosexual no podría llevar a cabo).

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Y aunque parezca que estas ideas han ido cambiando, todavía existen muchas personas que difunden discursos de odio cobijados en su religión o en ideas naturalistas como aquella que defiende la heterosexualidad por ser la única forma de preservación de la especie. Como si no fuésemos suficientes seres humanos habitando la Tierra.

La buena noticia es que no tenemos que vivir en clósets, ni en cajas rosas y azules. Y que heterosexuales o no, cisgéneros o no; de a poco hemos ido rompiendo con estas normas para crear las nuestras.

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