La doble moral nos robó el derecho al placer

¿Se han preguntado alguna vez la razón por la cual seguimos sintiendo vergüenza de disfrutar nuestro cuerpo? La doble moral nos robó el derecho al placer y a disfrutar de nuestros cuerpos.

A pesar que nuestra sociedad sigue avanzando en garantizar nuestros derechos individuales y libertades, seguimos teniendo una especie de cadena o cárcel moral que nos impiden disfrutar libremente de nuestros cuerpos. Nuestra sociedad aunque avanzada en muchos ámbitos, sigue rezagada en brindarnos y garantizarnos la libertad sobre nuestros cuerpos y del como disfrutamos nuestra sexualidad.

Crecimos con un constante miedo a disfrutar nuestro propio cuerpo y a explorar y disfrutar los cuerpos de otras personas. Nos criaron con la mediocre mentalidad que el placer está diseñado exclusivamente con fines reproductivos. Todo lo que esté por fuera de una finalidad reproductiva, es un vicio merecedor de señalamientos y condenas morales.

En el caso de Latino América, esa mentalidad moralista sobre el cuerpo y el placer, es el resultado de años de adoctrinamiento religioso. Para la iglesia, el cuerpo y el placer están destinados exclusivamente para la reproducción. Nos imponen esa mentalidad moralista con la frase (casi amenaza) que nuestro cuerpo es «el templo de dios» y debemos respetarlo como tal.

Pero como sociedad esa doble moral ha mutado a tal punto, que si vemos a otra persona disfrutar su cuerpo, la señalamos y estigmatizamos. De hecho la población homosexual no se libra de esa doble moral.

¿Cuántas veces no hemos tildado a alguien de «Puta» u «Ofrecida» solo por publicar fotos en poca ropa o sugestivas? Sin embargo, luego en la privacidad, vemos esas fotos para tocarnos y disfrutar en privado, mientras en publico señalamos y criticamos.

De hecho muchas personas pueden estar leyendo este artículo y pensar «yo jamás publicaría fotos subidas de tono… ¿Qué pensarían de mi?«. Ese pillines es el resultado de la auto-censura que ustedes se están imponiendo.

Y no estamos diciendo que todo el mundo debería publicar fotos sugestivas (aunque sería delicioso jejejeje). Pero si es bueno cuestionar que el motivo real de esa auto-censura sea el «¿Qué dirán?». No podemos seguirle dando el poder a la sociedad para que nos dicte de que formas podemos disfrutar nuestros cuerpos.

Así que la invitación es para que exploren libremente sus cuerpos… Y si lo desean, compartan el placer con quienes ustedes deseen. Que no los detenga el «¿Qué dirán?» y poco a poco, desde una placentera rebeldía, le gritemos al mundo que ¡MI CUERPO NO ES TEMPLO DE NINGÚN DIOS! 

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