5 cosas sobre el erotismo que te urge saber y aplicar

Georges Bataille fue un pensador francés que dedicó su carrera a tratar temas que para el representaban algo místico en la vida del ser humano. Desde poesía hasta filosofía, su obra está plagada de cuestiones sumamente amplias y complejas en las que trata de entender cómo es que el ser humano ha ido perdiendo su capacidad de asombro, su facilidad de relacionarse con otros seres humanos por cuestiones básicas y sobre todo, cómo el miedo se ha apoderado de su vida limitándolo a una existencia dedicada a la producción de cosas y dinero.

En este libro en particular, Bataille se plantea dos ejes principales: el deseo y el placer, que se relacionan en todo momento, pero que no siempre conllevan al acto sexual ni necesariamente tienen que ver con el acto sexual con otra persona. Este libro es un análisis de por qué nuestra sociedad ha creado limitantes (basadas por lo general en principios morales) que nos impiden ejercer nuestra sexualidad y sobre todo educarnos en el erotismo, que para el autor es también una forma de liberarnos de la represión.

El autor describe la experiencia sexual y erótica como una encuentro entre los cuerpos que no trata sobre orificios y fluidos, sino sobre una conexión (aunque sea momentánea) entre dos cuerpos que satisfacen sus fantasías en medio de una vorágine de caricias que los cambia, los moldea y les permite desposeer sus cuerpos por un momento y ofrecer al otro ser, un espacio único que se crea y se destruye en ese momento.

La construcción de la experiencia sexual, se basa en una comunicación que se da desde mucho antes de que se lleve a cabo el acto sexual. Por decirlo de alguna forma, el ligue, las citas o si hablamos de nuestra contemporaneidad: el intercambio de palabras e incluso fotos a través de un chat van revelando nuestra identidad ante el otro. Y lo maravilloso es que nuestro lenguaje cambia y lo que antes no nos provocaba ningún deseo, se puede convertir en un fetiche.

Nuestra sexualidad no es únicamente un instrumento para obtener placer, porque aunque es parte de nuestras necesidades fisiológicas, en el sexo implicamos nuestra identidad y nuestras emociones (aunque sea sexo casual) de modo que las prácticas eróticas nos permiten saber qué tanto dolor nos excita, qué partes de nuestro cuerpo nos gustan más, qué fantasías queremos llevar a cabo y qué no podemos soportar durante el sexo. Esto nos ayuda a tener cada vez más, relaciones sexuales que nos dan mucho placer y que además nos enseñan a amar nuestro cuerpo y a transgredir nuestros miedos e inseguridades.

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La experiencia erótica se transforma en un hábito que nos permite erotizar fuera de la cama, de ver el deseo en otros de una forma mucho más natural y sin la necesidad de llegar al acto sexual para que la experiencia sea placentera. Incluso, dentro de la masturbación encontramos una forma de transgredir ese miedo que tanto nos inculcaron de pequeños para conocernos más y ver el ejercicio de nuestra sexualidad como una serie de factores que se desarrollan en el día a día y que pueden ser más que solo caricias. Por ello existen fetiches como el bondage y el BDSM que no deben asustarnos, sino deben ser una oportunidad para ampliar nuestro espectro de lo que nos da placer y enseñarnos a respetar los límites propios y del otro.

Esa vergüenza que tanto nos enseñaron de pequeños a sentir sobre nuestros deseos y sobre las manifestaciones involuntarias del sexo (como tocar nuestros genitales) no desaparecerán asustándonos de las prácticas sexuales. Siempre que sea consensual, el encuentro sexual es lo que nos ayuda a reconciliar nuestra identidad con la vergüenza y transgrede las normas morales, lo que transforma al sexo en una práctica con la que nos reivindicamos, nos encontramos y poco a poco nos amamos un poco más.

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