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Promiscuidad, infidelidad, ¿la opción de sexualidad plena y libre? (2 de 3) |
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Por Donato Rangel
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Viernes 17 de abril de 2009 |
Actualmente no se puede hablar de moralidad ni de principios sociales o educativos como hace algunos años, la historia cambia y las civilizaciones también, y de igual modo se van destapando y descubriendo que algunos de los ideales que teníamos no son más que simples “cuentos de falsa moral”.
Pensemos en la masturbación como un ejemplo; hace no muchos años todavía era tema tabú, no se podía concebir que una persona se masturbara ya fuera frecuentemente o no; este era un acto religiosamente impuro y socialmente no válido pues violaba la fidelidad y pureza que debía de tener una persona para llegar al matrimonio. En la actualidad, se menciona en algunos estudios científicos incluso que la masturbación es una manera de evitar y prevenir el cáncer de próstata.
De igual modo, aquellos que no teníamos la opción de salir a las calles y estar tomados de la mano y besarnos con una persona de nuestro mismo sexo éramos mal mirados e incluso catalogados de pervertidos y en la actualidad se van modificando estas percepciones y hasta existen leyes que nos dan la oportunidad de elegir y decidir aquello que nos gusta y con quién queremos estar y dónde y nos respaldan y protegen a pesar de que todavía hay mucho por hacer en términos de aceptación.
El hecho de iniciar una relación afectiva representa un nuevo paso o etapa de la vida; equivale a adquirir nuevos hábitos no sólo actitudinales y de actividad, sino también emocionales, sentimentales, y que generalmente nos llevan a experimentar la sensación de madurez.
Pero, cuando llega un tercero que viene a romper con la exclusividad o hace sentir que se puede perder, el mundo se mueve y derriba la idea y concepción de un “amor eterno”. Es así como algunas personas no terminan por entender que sólo se trataba de un ideal que puede ser efectivamente causado por educación y tradición, por costumbre educativa y que deriva dramáticamente en casos hasta el suicidio.
Y claro, el clásico consejo de los amigos y las palabras de aliento que recibimos en casos así es que “…si te engañó y el infiel fue él, pero…, él se lo pierde y a final de cuentas las cosas pasan por algo y tu tendrás a alguien mejor…”, y cosas así por el estilo. Sin embargo, ¿cómo enseñar a un perro viejo trucos nuevos?
Lo anterior cabe a mención porque ¿cómo decirle a una persona que se siente derrumbada y sin futuro, a causa de que así se le educó, que las cosas no son así?
Esto puede ser entendible cuando la persona en cuestión de la preferencia de género que sea, entiende de que las relaciones de pareja son basadas en el común término de que una pareja se conforma por dos personas. Pero, ¿qué pasa cuando se trata de alguien que gusta de tener varias parejas emocionales y sexuales a la vez por la preferencia y gusto sexual de hacerlo así?
*Donato Rangel es psicólogo y coordinador de atención psicológica del grupo GHAI AC (Grupo Homosexual de Acción e Información). Contacto:
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